Tips para cuidar la salud de tu mascota en vacaciones

4 Ago 2020 · No hay comentarios

Entre los que tenemos mascotas no es rara la reacción, pero sí entre el resto de los mortales, cuando les dices que, además de que no concibes irte sin ellos, el lugar y el ritmo de las vacaciones lo marcan ellos, ¡por supuestísimo!

Como primer paso, siempre buscar ese sitio donde nos acojan a la familia humana-peluda, lo segundo la elección del medio de transporte que vamos a utilizar y, en tercer lugar, tener muy en cuenta la climatología de nuestro destino. A nadie se le ocurriría –o por lo menos a mí- ir por ejemplo al desierto de Atacama, un sitio donde las temperaturas sean altas o la humedad  ambiente sea excesiva, porque nuestras mascotas desde luego que no nos lo van a agradecer.

Si el viaje lo elegimos hacer en nuestro propio vehículo, habremos de escoger las horas donde las radiaciones del sol sean más suaves, ya que aunque no estemos directamente expuestos a los rayos ultravioleta, la temperatura del habitáculo siempre es mayor. Por descontado que si nuestro coche no dispone de aire acondicionado o climatizador, esta opción la desecharemos.

Si vamos a hacerlo en otro tipo de medio, lo haremos siempre cumpliendo con la normativa vigente y tomando medidas para que el desplazamiento sea lo menos estresante posible para nuestrxs amiguitxs.

Desde que las apps forman parte de nuestra vida cotidiana, no tenemos excusas para que nos pille una tormenta de verano en la montaña o un bochorno sevillano, que nos tenga todo el día recluidos en casa, ¡las escapadas son para disfrutar del tiempo y el aire libre!

Paula y Zoe, disfrutando juntas de la montaña
Paula y Zoe, disfrutando juntas de la montaña

En nuestro caso –que somos corredoras habituales de montaña y canicross- nuestros destinos vacacionales son habitualmente de montaña, y siempre nos decantamos por las actividades outdoor: senderismo, hiking,  alpinismo, trail running…  por lo que en primer lugar buscamos si nuestras mascotas son bienvenidas y nos informamos si hemos de llevarlas atadas o podemos dejarlas que campen a sus anchas. Os recuerdo que en la mayoría de parques naturales han de ir siempre atadas (o si hay ganado que pace), incluso en algunas zonas los perros no están permitidos bajo ningún concepto vayan sueltos o con su correa.

Una vez nos aseguremos de esto y tengamos asumido que tenemos que madrugar para hacer deporte en las horas donde las temperaturas son más suaves (a partir de los 14 grados más o menos para ellos ya no es confortable), tendremos que tener en cuenta dos cosas: el tipo de terreno por el que nos vamos a mover y el tipo de ecosistema. ¿Por qué? Porque no sería la primera ni última vez que nuestra mascota se bloquea en algún paso de montaña riscoso y complicado, y creedme que la sensación de impotencia llega a ser agobiante. Recuerdo una excursión a ver las murallas de Daroca que Zoe se negó a bajar unas expuestas y estrechas escaleras y tuvimos que dar un largo y gratuito rodeo después de llevar más de 20 kilómetros de ruta porque cuando dicen que no, ¡es no rotundo!

Si lo que queremos es correr con ellos, evitaremos siempre los caminos de asfalto para evitar heridas en las almohadillas (y un excesivo impacto en sus articulaciones ), elegiremos caminos de tierra, hierba o mejor todavía ¡sendas de monte frondoso, donde además de un terreno blandito ideal para dueño y mascota, siempre correremos a la sombra!

Debemos tener muy en cuenta la climatología y el tipo de terreno
Debemos tener muy en cuenta la climatología y el tipo de terreno

Hablamos siempre del calor y la exposición al sol, pero ¿qué medidas he de tomar si voy a ir con mi mascota a la nieve? En principio, ninguna.  Si nuestra mascota tiene tendencia a sufrir heridas o irritación de las almohadillas no está de más que compremos algún tipo de protector: bien sea algún tipo de crema o vaselina, o unos “calcetines” que protejan esta zona a la abrasión producida por la nieve y el hielo.

Y el tipo de ecosistema, ¿a fin de que? Fácil. Seguro que todos a estas alturas de la película habéis oído hablar de la maldita leishmaniosis, esa enfermedad que la transmite la picadora de un mosquito que habita en zonas húmedas donde discurre cerca un río, o hay lagos u otro tipo de agua estancada como lagos o navajos. Por malas experiencias en el pasado, desde hace varios años vacunamos a Zoe una vez al año contra esta enfermedad; de forma continua porta el collar Scalibor que hace de repelente para todo tipo de mosquitos más las pipetas de uso cutáneo. Toda prevención es poca para protegerlos si frecuentamos este tipo de terrenos.

Zoe y yo nunca hemos ido a la playa juntas, (sí, lo sabemos, somos más de montaña que un alud) pero seguro que a muchxs de vosotrxs os ronda por la cabeza la siguiente pregunta: ¿puede picarle una medusa a mi perro? Y la respuesta es sí. Aunque están protegidos por el pelo, hay zonas de su cuerpo como la trufita de la nariz, la cara interna de las orejotas o la barriga que son más sensibles. Y los síntomas que pueden manifestar son similares a los que manifestamos los humanos: rojez, escozor, erupción cutánea, estado apático… por lo que, si sospechamos que ha podido sufrir una picadura, acudiremos al veterinario lo antes posible para tomar las medidas necesarias.

Además de todos estos tips y consejos básicos, no debemos olvidar llevar siempre agua y un bebedero portátil; soy amiga de portar siempre en la mochila un “kit de emergencia” (válido para nosotros y nuestras mascotas) que conste de: manta térmica, vaselina, agua oxigenada, gasas, yodo, segunda piel en el  spray y una venda cohesiva. Nunca se sabe lo que puede pasar y aventurera precavida ¡vale por dos!

Hasta aquí nuestra aportación, y recordad que quien tiene un peludo, ¡tiene un tesoro!

Fotos y texto: Paula Bueno (@paulatina_mente_)

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