Ruta mágica por los alrededores de Pimiango

13 Mar 2019 · No hay comentarios

Sabemos que os gusta descubrir nuevos e interesantes lugares en compañía de vuestro peludo, por eso hoy os proponemos una ruta mágica por los alrededores de Pimiango, en la Costa Oriental de Asturias.

Iniciamos nuestro recorrido en la localidad de Pimiango, un pueblo en el que antaño tuvo gran importancia el gremio de los zapateros. Legado de ello ha quedado en la zona una jerga única el mansolea (de ‘man’, señor; y ‘solea’, suela) con la que éstos solían comunicarse para que los extranjeros no les entendieran. Así, la denominación ‘mansolea’ ha quedado también como gentilicio de sus habitantes.

Pimiango. Foto: Ayuntamiento de Pimiango (C. Villazón)
Pimiango. Foto: Ayuntamiento de Pimiango (C. Villazón)

Si bien Pimiango es una localidad de pequeño tamaño, os recomendamos empezar esta ruta paseando tranquilamente por sus calles y sus plazas, impregnándoos de su ambiente y empezando a sumergiros en el ambiente mágico del entorno. De entre sus construcciones, destacaremos “El Palacio”, que fue antiguamente la Casa Fuerte de los Colombres. Edificada en el siglo XII, su exterior de piedra es bien llamativo y su fachada, orientada al sur, está actualmente dividida en dos. Un arco da acceso al patio interior, rodeado de otras dependencias y construcciones.

La otra parada importante es la iglesia parroquial de San Roque de Pimiango. Más allá de su importancia arquitectónica, esta iglesia que data de la Edad Media es importante sobre todo por lo que alberga en su interior. La talla románica de la Virgen de Tina, del siglo XII, proviene del Monasterio de Tina, que visitaremos posteriormente. Se trata de una representación de la Virgen con el Niño en su regazo, muy bien conservada y de gran belleza. Además de esta pieza de gran importancia, en la iglesia tendremos también ocasión de contemplar los magníficos frescos de su altar mayor, obra de Magín Berenguer; además del tríptico escultórico de Santa Ana, la Virgen y el Niño, del siglo XVII, que también procede del Monasterio de Tina.

Una vez hayamos finalizado nuestro recorrido por Pimiango, en nuestro camino de salida de la población, haremos una pequeña parada para visitar su monumental cementerio con resonancias indianas. Testigo de la historia y un estilo arquitectónico muy típico en esta zona de Asturias, este cementerio es una verdadera joya monumental. En él, encontraremos numerosos monumentos funerarios con reminiscencias americanas o, más concretamente, de estilo de indiano. Esto se debe a la intensa emigración que hubo desde esta zona de Asturias hacia Latinoamérica. Los emigrados, al regresar a su tierra de origen, trajeron consigo este estilo que podemos ver en las aras funerarias, los bajorrelieves y las esculturas, mezclado con pinceladas clasicistas que intentaban aparentar un cierto estatus de nobleza y clase alta.

Ahora sí, salimos de la población y nos encaminamos hacia el norte en dirección a la costa. Nuestra primera parada será el magnífico Mirador del Picu, desde el que tendremos unas espectaculares vistas panorámicas tanto de la costa como de la montaña. Nuestra retina (y nuestra cámara) podrá captar fácilmente la Sierra del Cuera, los Picos de Europa y parte de la costa oriental de Asturias. Además, en los días más despejados, desde aquí son también visibles el Pico Urriello y el Naranjo de Bulnes.

Mirador del Picu. Foto: Turismo de Asturias
Mirador del Picu. Foto: Turismo de Asturias

Nos encontramos, de hecho, en un lugar estratégico, protagonista de contiendas bélicas, en cuyas proximidades encontraremos, por ejemplo, algunas trincheras de la Guerra Civil. No solo eso, el emplazamiento tiene también una gran importancia orográfica, coronando la llamada Rasa de Pimiango.

Bajo el mirador, encontramos la zona de la Tronía, en la que se combinan a la perfección los campos con los acantilados. Hacia la costa, la Tronía llega a convertirse en bufones cuando el mar así lo permite (o lo impone, más bien). Se generan, así, impresionantes formas y grandes brechas que se abren en medio de la Rasa litoral. Si deseáis contemplar la belleza de esta zona, podéis desviaros levemente del camino hacia la costa para acercaros al Arco del Caballo (una peculiar roca) o a la Ensenada de Regolgeru. Eso sí, la playa de Regolgeru cuenta con un acceso relativamente complicado, por lo que si viajáis con vuestra mascota puede no ser la mejor opción.

Por nuestra parte, desde el Mirador del Picu continuamos hacia la bella ermita de San Emeterio, a apenas dos kilómetros de la localidad. También conocida en asturiano como Santu Mederu, Santumedé o Santumé, la ermita data del siglo XIII. De grandes dimensiones y líneas muy sencillas, se parece más a las iglesias de las parroquias costeras de Asturias que a una ermita. Solo abre sus puertas el domingo siguiente al 3 de marzo, San Emeterio, para la celebración de la romería y su altar está presidido por una imagen del patrón, moderna, ya que la antigua desapareció durante la guerra.

Ermita de San Emeterio. Foto: Turismo de Asturias
Ermita de San Emeterio. Foto: Turismo de Asturias

En torno a la ermita de Pimiango existe una leyenda que dice que el edificio se construyó para acoger las reliquias de los santos Emeterio y Celedonio, ambos soldados celtas y mártires cristianos. Siempre según las historias y mitos existentes en torno a ella, los ángeles habrían tomado los restos de ambos santos y posteriormente los habrían colocado en un navío de piedra. No se sabe cómo, pero dicho navío habría sido guiado hasta la costa de Pimiango como si de un milagro se tratase. Así, un enorme peñasco de piedra labrado por las olas y conocido como “barca de piedra” haría referencia a dicha teoría.

En cualquier caso, los restos de San Emeterio y San Celedonio no reposan ya en esta ermita, pues fueron reclamados  por una localidad cercana, Portus Victoriae, para protegerlos de la invasión musulmana. Los dos santos son actualmente patronos de dicha localidad que fue posteriormente conocida como Sant’Emter y, actualmente, como Santander.

Continuaremos nuestra ruta mágica por los alrededores de Pimiango sin alejarnos mucho de este santuario en honor a San Emeterio, ya que junto a él encontramos una fuente, que se cree milagrosa para curar “los males de los huesos” y, especialmente de las piernas, en la que los peregrinos xacobeos remojan habitualmente sus pies.

También muy cerca, en el prado existente frente a la ermita, veremos el humilladero con su capilla abierta y un altar con cerámicas que reproducen también la imagen de San Emeterio.

Si nos desviamos ligeramente hacia la costa llegaremos hasta el Encinar de San Emeterio. Es el mayor encinar de Asturias y uno de los mejor conservados de toda el área cantábrica. En él encontraremos encinas de tronco retorcido y oscuro, con amplias copas que provocan interesantes juegos de sol y sombra, y ramas que se mueven por la acción del viento. Este bosque casi mágico ha inspirado numerosas leyendas a lo largo de los años y ha sido testigo de la ruta de los peregrinos.

Si continuamos hasta la costa, llegaremos hasta el Faro de San Emeterio. Se dice de él que es el faro más aislado de toda la costa de Asturias y está ubicado en la punta del cabo del mismo nombre, en la zona declarada como Paisaje Protegido de la Costa Oriental Asturiana. De planta cuadrada, con un amplio patio central descubierto, una torre circular en su cara norte y una escalera de caracol de hierro, el faro no es visitable.

Faro de Pimiango, al fondo de la zona de acantilados. Foto: Turismo de Asturias
Faro de San Emeterio, al fondo de la zona de acantilados. Foto: Turismo de Asturias

A su alrededor, podremos contemplar, eso sí, los Acantilados de San Emeterio. Estos impresionantes muros de piedra caliza, siguen en buena parte inexplorados, y son considerados por muchos como verdaderos templos kársticos. Desde aquí, tendremos unas impresionantes vistas de toda la costa oriental de Asturias, así como de las grutas, cavidades y cuevas cercanas.

Precisamente, nuestra ruta continuará ahora hacia la Cueva de El Pindal, lugar de parada obligatoria si nos encontramos por esta zona del este de Asturias. La encontraremos entre acantilados y enclaves de vistas magníficas. Declarada Patrimonio de la Humanidad en el año 2008, es uno de los grandes descubrimientos prehistóricos de la Cordillera Cantábrica y se ha llegado a hablar de ella como el “corazón de piedra de las catedrales calizas”.

Cueva de El Pindal. Foto: Turismo de Asturias
Cueva de El Pindal. Foto: Turismo de Asturias

El entorno de la cueva es idílico, casi mágico. Cuesta poco perderse en el propio pensamiento e imaginar cómo fue este refugio hace miles de años. Su galería de boca ancha es una de las mejores de la época paleolítica que se conocen. En su interior, además, encontraremos algunas rarezas del arte rupestre como una representación de un pez u otra de un mamut.

Desde la entrada de la Cueva de El Pindal seguiremos nuestro camino por una senda de poca dificultad que nos llevará hasta el Monasterio de Santa María de Tina. Si bien del mismo solo quedan algunas ruinas, su contemplación nos volverá a inundar de magia y nos llevará a la ensoñación, encuadrado en un verde paisaje de encinas. Por mucho que lo que queda del monasterio aparezca ante nuestros ojos, nos hallaremos inmersos en plena naturaleza, un lugar ideal para disfrutar en compañía de nuestro amigo de cuatro patas.

Monasterio de la Tina. Foto: Turismo de Asturias
Monasterio de la Tina. Foto: Turismo de Asturias

Del monasterio apenas queda el esqueleto de su iglesia, repleto de enigmas e historias míticas. De su verdadero origen poco se sabe a ciencia cierta, solo que probablemente estuviera ligado al Camino de Santiago de la Costa, el más antiguo. Éste que está perfectamente señalizado nos llevará desde el Monasterio de la Tina hasta la población de Pimiango, pasando por el Arroyo Bartolo, el Monte de las Guirzas, el faro de San Emeterio, la Cueva de El Pindal, la ermita de San Emeterio y el Mirador El Picu. Pero volvamos a nuestra ruta mágica por los alrededores de Pimiango.

Tras contemplar el Monasterio de Santa María de Tina (o lo que queda de él) atravesaremos el bosque de encinas que lo rodea. Aquí, si tenemos suerte y ha llovido bastante en las últimas hora  (o días) puede que tengamos ocasión de contemplar una bella cascada que cae hacia el mar. En cualquier caso, y aunque no tuviéramos esa dicha, lo cierto es que todo este paraje transmite paz, tranquilidad, belleza y un gran amor por la naturaleza. Seguro que nadie podría apreciarlo mejor que vosotros, que viajáis en compañía de vuestra mascota.

Dónde dormir en Pimiango

A fin de poder recorrer los alrededores tranquilamente, y poder disfrutar de este idílico y mágico entorno en compañía de nuestro peludo, os recomendamos alojaros en Las Cabañas de Pimiango. Se trata de tres cabañas independientes, construidas en madera y piedra, con capacidad cada una de ellas para entre 2 y 4 personas y que cuentan con todas las comodidades.

Las Cabañas de Pimiango, en Pimiango (Asturias)
Las Cabañas de Pimiango, en Pimiango (Asturias)

Es un establecimiento ideal para viajar con mascota, ya que además cuenta con una parte exterior equipada y con zona de jardín privada. Eso sí, para alojarte con tu mascota, deberás hacerlo siempre bajo petición previa y pagando un suplemento.

Artículos relacionados

Otras historias que pueden interesaros a ti y a tu peludo